...Todo empezó a finales de los setenta. Mi madre era una joven inocente que vino de un pueblo Cacereño para trabajar en Madrid sirviendo casas de ricachonas amargadas que la explotaban y apenas la dejaban dormir. Vamos, que no libraba ni aunque tuviera un dolor de ovarios, la lepra, viruela o cualquier enfermedad terminal. Siempre estaba explotada. Mi tía Monster, (de la que hablaré más adelante), había conocido a mi tío Monster en Madrid. Mi tío Monster al principio salía con una hermana de mi tía Monster, pero más tarde se la dejó a su hermano unos años pequeño que él. El tío P. o camilín, como le llamaban por ahí, porque con ese peinado setentero típico de cantantes de la época como Camilo Sesto o los italianos que no paraban de sonar con las malditas canciones de amor en las que a veces ni se les entendía lo que decían, le decían que se parecía al tal Camilo.
Siguiendo con el tema, ya hecho el trapicheo, como si traficaran con mujeres, le apañaron a mi pobre madre al histérico de mi padre, que por todo se cabreaba. La cosa quedó en tres hermanos para tres hermanas, como en las películas.[....]
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